A través del relato que el poeta hizo al doctor Pariani del manicomio de Castel Pulci, así cuenta su temporada de inmigrante aventurero en Sur América: Quería estudiar química pero luego ya no estudié nada porque no me daba la gana y me puse a estudiar piano. Cuando tenía dinero gastaba todo lo que tenía. Un rato escribía, un rato tocaba el piano. Así terminé de desequilibrarme completamente. (…) Cerca de los veinte años no podía vivir más, yo andaba siempre dando vueltas por el mundo. Me fui a Argentina porque allá era más fácil encontrar de qué vivir tocando el piano.
En su vagabundear por Argentina por casi siete años según el relato de Campana, por dos años según los investigadores, Campana hace una experiencia de vida que marca para siempre la diferencia entre él, Rimbaud y Baudelaire. A diferencia de los paisajes soñados por Baudelaire y Rimbaud los “lugares” buscados y vistos por Campana tienen juntos a las praderas, los desiertos, los horizontes marinos, los puertos, la ciudades, el trabajo, el gran moverse desordenado de hombres, mujeres y cosas, es decir, la vida de la ciudad moderna odiada-amada por Baudelaire.
Así enumera sus trabajos el poeta: Templaba las herramientas, (…) tocaba el triángulo en la Marina argentina, portero de un círculo, trabajador del ferrocarril, carbonero y fogonero, bombero, vendía serpentinas en las ferias.
Si la vida de Campana fue aventurera y trágica también la historia de sus textos fue bastante complicada. En 1913 Campana entrega su único manuscrito titulado “El día más largo” a Papini y Soffici dos escritores de la revista de Florencia “Lacerba” confiando también en un lejano parentesco con Soffici para obtener su atención, sin embargo, su libro no es tomado en cuenta y termina extraviado. Después de varios meses Dino Campana intenta reapoderarse de su texto pero Papini dice de no saber nada y lo manda con Soffici, mismo que niega haberlo recibido. Campana está desesperado y su precario equilibrio mental vacila. Solo a la muerte de Soffici en 1971 setenta años después, el manuscrito es hallado probablemente en el mismo lugar donde fue dejado al recibirse.
En el invierno de 1914 Campana se pone a reescribir su libro confiando en su memoria y apuntes, en la primavera del mismo año financia y publica su poemario con el título “Cantos órficos” en referencia a la figura mitológica de Orfeo el primer poeta-músico, donde aparecen numerosas modificaciones y partes añadidas respecto al manuscrito original.
En 1916 después de una carta hecha por la reconocida escritora Sibilla Aleramo a Campana para felicitarlo por su libro, empieza entre los dos una relación que durará con altos y bajos dos años. De las cartas que se intercambiaron, publicadas en el 2000 “Un viaje llamado amor cartas 1916-1918”, ha sido tomada la poesía “En un momento” que aquí presentamos.
Como era de esperarse la importancia de la influencia de Campana en la poesía italiana está totalmente dividida. Hay entre los críticos quienes lo ponen como fundador de la poesía moderna, entre ellos vale la pena recordar al filósofo y crítico literario L. Anceschi, introducción y selección para la antologia Lirici Nuovi, 1943 y el poeta Edoardo Sanguineti introducción y selección para la antología Poesia del Nocento, 1969.
Entre los que subestiman su importancia hay que señalar a Franco Fortini -poeta y crítico literario- que en un ensayo subraya algunas fuertes caracterizaciones sociológicas: se trata de un tipo humano donde la presencia histórica del anarquismo y de algunas de sus variantes nacionalistas y pre fascistas le daba relevancia cultural, armándolo de la palabra poética. Ese tipo humano era la respuesta que en Europa las clases del individualismo artesanal y democrático y libertario-rebelde daban al imperialismo industrial y colonialista que venía destrozándolos. Y claramente poniendo mucho más en resalto la producción no órfica a favor de la más expresionista y vitalmente deforme.
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Antonio Nazzaro
La vidriera
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La tarde humosa de verano
Desde la alta vidriera se verten resplandores en la sombra
Y me deja en el corazón un sello ardiente.
Pero quién ha (en la terraza sobre el río se enciende una lámpara) quién ha
A la Virgencita del Puente ¿quién es el que ha encendido la lámpara? Hay
en el cuarto un olor a podredumbre: hay
En el cuarto una llaga roja menguante.
Las estrellas son botones de nácar y la noche se viste de terciopelo:
Y estremece la noche fatua: es fatua la noche y estremece pero hay,
En el corazón de la noche hay,
Siempre una llaga roja menguante.
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L’invetriata
La sera fumosa d’estate
Dall’alta invetriata mesce chiarori nell’ombra
E mi lascia nel cuore un suggello ardente.
Ma chi ha (sul terrazzo sul fiume si accende una lampada) chi ha
A la Madonnina del Ponte chi è chi è che ha acceso la lampada? C’è
Nella stanza un odor di putredine: c’è
Nella stanza una piaga rossa languente.
Le stelle sono bottoni di madreperla e la sera si veste di velluto:
E tremola la sera fatua: è fatua la sera e tremola ma c’è,
Nel cuore della sera c’è,
Sempre una piaga rossa languente.
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***
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Buenos Aires
El bastimento avanza lentamente
En el gris de la mañana entre la niebla
En el agua amarilla de un mar fluvial
Aparece la ciudad gris y velada.
Se entra en un puerto extraño. Los emigrantes
Se alborotan y enfurecen amontonándose
En la áspera ebriedad de inminente lucha,
De un grupo de italianos que está vestido
En un modo ridículo a la moda
Bonaerense se lanzan naranjas
A los paisanos alterados y aullantes.
Un muchacho del puerto ligerísimo,
Prole de libertad, listo para el impulso
Los mira con las manos en la faja
Variopinta y esboza un saludo.
Pero gruñen feroces los italianos.
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Buenos Aires
Il bastimento avanza lentamente
Nel grigio del mattino tra la nebbia
Sull’acqua gialla d’un mare fluviale
Appare la città grigia e velata.
Si entra in un porto strano. Gli emigranti
Impazzano e inferocian accalcandosi
Nell’aspra ebbrezza d’imminente lotta.
Da un gruppo d’italiani ch’è vestito
In un modo ridicolo alla moda
Bonearense si gettano arance
Ai paesani stralunati e urlanti.
Un ragazzo dal porto leggerissimo
Prole di libertà, pronto allo slancio
Li guarda colle mani nella fascia
Variopinta ed accenna ad un saluto.
Ma ringhiano feroci gli italiani.
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Trabajo preliminar y traducción de ©Antonio Nazzaro.
También publicado: buenosairespoetry.com

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