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Domenica, 25 Marzo 2018 23:32

Seychelles, un paraíso en el Indico

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La bella Playa Grand en las Islas Seychelles La bella Playa Grand en las Islas Seychelles

Las Islas Seychelles, un archipiélago perdido en el medio del Océano Indico y que pertenece geográficamente a Africa, viven a su propio ritmo, mucho más cercano al Caribe que a los endémicos problemas de sus vecinos continentales, y rodeadas de playas paradisíacas, aguas cristalinas y negocios financieros.


Este país formado por 115 islas ubicadas al noroeste de Madagascar, y que se independizó de Gran Bretaña en 1976, tiene el nivel de vida más elevado de Africa. Sus 100.000 habitantes -en su mayoría de etnia seychellois, de raíces africanas y francesas, con minorías china e india- viven del turismo, los servicios y del mundo financiero. Incluso este archipiélago fue conocido durante mucho tiempo por ser un "paraíso fiscal" con un emergente sector "offshore".
Aquí no se observa pobreza extrema, aunque sí marcadas diferencias sociales por una desigual distribución de la riqueza. Las imágenes difieren y mucho de las tradicionales postales de Africa y a simple vista la sensación es que el nivel de vida es incluso superior a muchos países de América latina, en especial por su seguridad. Toda su población no llenaría el estadio Maracaná de Río de Janeiro.
Pero paradójicamente sufre un problema mundano, por ahora sin solución y más habitual en las grandes y contaminadas urbes del planeta: los atascos en el tránsito vehicular en la primera hora de la mañana.
Nadie se explica cómo la bellísima isla de Mahe, la principal del país y donde se asienta su capital, Victoria, puede sufrir un problema poco habitual en paraísos escondidos y conocidos más como destinos éxoticos.
Aquí, como en toda antigua colonia británica, se conduce por la izquierda. Las carreteras están bien mantenidas y el tránsito no parece a primera vista representar un problema.
Pero el "monstruo" están bien agazapado. La isla de Mahé tiene un tráfico escaso y fluido en las rutas de la costa, donde se suceden playas indescriptibles de arenas blancas, montañas y aguas de variadas tonalidades que nada tienen que enviarle a sus primas lejanas del Caribe. Los turistas, en general europeos o asiáticos, suelen saltar de playa en playa, cada una mejor que la otra. Y parar en alguno de los pequeños poblados que surgen a la vera del camino, donde se ven a decenas de niños con sus uniformes escolares aguardando el transporte público, antiguo, incómodo y que demora en aparecer, aunque siempre respetando su horario.
Las islas no tienen las comunes enfermedades tropicales de Africa, como la malaria, ya que aquí no vive el mosquito transmisor. Y tampoco son un problema los tiburones ni las serpientes. Solo hay que cuidarse del calor.
El turista poco a poco se acostumbra a este pedazo de paraíso. Y visita la pequeña ciudad de Victoria, su capital, para recorrer el tradicional mercado donde se puede comprar pescados de todas las especies, frutas tropicales, verduras y recuerdos. Pero si debe partir en el primer vuelo de la mañana, en torno a las 9.30 y se ha alojado en la parte opuesta del aeropuerto, el "monstruo" aparece. "Tenían que haber pedido el taxi para media hora antes", saluda el chofer en el estacionamiento de un hotel ubicado en Grand Anse (Playa Grande), en la costa oeste de la isla.
 - ¿Por qué? pregunta el turista. - "Por el tráfico", contesta el taxista.
Los pasajeros ríen. Creen que es una broma. Pero para evitar bordear la isla por la carretera marítima, en un viaje mucho más largo, el taxi atraviesa Mahe por la mitad, de costa a costa, en una carretera de montaña que pasa por el poblado de La Misere, a unos 900 metros de altura.
El viaje dura 20 minutos y al principio es muy fluido. Los pasajeros se animan incluso a bromear con el tráfico, pero el chofer avisa que "el problema viene más adelante".
Y el "monstruo" aparece de improviso en el final de la bajada de esta carretera de montaña, cuando las primeras imágenes de la ciudad de Victoria aparecen en el horizonte. De pronto, el tráfico se atasca. Y no se mueve. Luego comienza a andar a paso de hombre durante largos 20 minutos.
"Pasa todas las mañanas", dice Albil, un taxista nacido en Mahe. "Es el único camino de esta parte de la isla que comunica el oeste con Victoria, y todos vienen a trabajar aquí. Se pensó en construir un túnel para evitar estos atascos, pero es muy caro y además está el problema ambiental", comenta.
El atasco se disipa cuando se llega a la carretera costera.
El aeropuerto está a no más de 10 minutos. Y es tan pequeño que la escasa espera para embarcar hace olvidar pronto el "monstruo" escondido en la carretera montañosa de Mahe. (ANSA).

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